Ciudad de México 15-12-2017
El documental de López Obrador: entre lambisconería y vieja política
Ideas

El documental de López Obrador: entre lambisconería y vieja política

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Por Fernando Hernández Marquina

 

La semana pasada, el tema de moda en los medios fue un evento más en la eterna campaña de López Obrador. Sorprendió la nueva estrategia de comunicación implementada por el equipo del tabasqueño. El acto tuvo lugar en el Auditorio Nacional -lo que de entrada contradice un discurso de austeridad- y estuvo marcado por una lluvia de elogios y adulaciones para el líder único e indiscutible.

De lado quedó la presentación de su "Plan Nacional" -el cual no sorprende que contenga propuestas legalmente inviables y raya en la ocurrencia-, pues se sustituyó por la lambisconería por un adelanto de 17 minutos de un documental biográfico que el productor Epigmenio Ibarra preparó para su mesiánico amigo, Andrés Manuel.

La estrategia de comunicación de Morena ha redoblado esfuerzos para presentar a AMLO como un ciudadano que la sufre, que se sabe derrotado de antemano, ese al que el "sistema" no le hace justicia. En otras palabras, han hecho un gran trabajo para mostrarlo como el gran mártir, ese que sufre como nosotros y, sobre todo, se muestra dispuesto a sufrir por nosotros, como el mesías que el país necesita.

Las arengas de un supuesto fraude electoral en su contra, la coronación de su "presidencia legítima", el plantón de los "pobres" en el corazón financiero de la Ciudad de México, todos han sido actos bien preparados para lograr dicha imagen. El mismo equipo que denunciaba una presidencia de telenovela, hoy construye una presidencia de película. Adiós, María la del Barrio. Hola, Nosotros los pobres.

Los esfuerzos de Epigmenio Ibarra por hacer que AMLO pase por persona común y corriente en el adelanto de su documental incluyen las participaciones (sesgadas, breves y bastante vacuas) de los hijos del tabasqueño. "Andy" López Beltrán (el mismo que aparecía en público usando tenis Louis Vuitton) afirma frente a la cámara que él y sus hermanos (que hace unos años fueron conocidos por su estilo de vida como juniors del Jefe de Gobierno del Distrito Federal y que actualmente toman algunas de las decisiones importantes en el partido que fundó su padre) no serán "juniors abusivos del poder", no van "a ser parte del gobierno" y creen que el nepotismo "es una lacra más de este sistema". Epigmenio y AMLO apostando por la mala memoria de los mexicanos.

Sin embargo, la imagen creada de López Obrador y su familia no encaja con su vida real. ¿Cuántos mexicanos pueden viajar al extranjero para ver un partido de su deporte favorito? ¿Cuántos tienen hijos que pueden usar tenis de diseñador valuados en varios miles de pesos? ¿Cuántos tienen padres influyentes que los sacarán de cualquier apuro con la realidad? Y, sobre todo, ¿cuántos pueden disfrutar todo ese estilo de vida sin tener ingresos durante casi 12 años?

De poco sirve la inversión en nuevas estrategias de comunicación si, después del show, la audiencia y, sobre todo, los observadores externos, quedaremos llenos de preguntas. ¿No es también una simulación descarada, como esas que tanto achacan los morenistas a los viejos partidos políticos mexicanos, una asamblea a modo donde López Obrador aprovecha su papel como líder indiscutible, como carismático mesías, para conseguir "acuerdos" prácticamente unánimes sin cuestionamientos? ¿Cómo calificar el despliegue de recursos para rentar el Auditorio Nacional (y colocar una pantalla monumental en la misma avenida que bloquearon hace años) para presentar un Plan Nacional que carece de fundamentos legales para su aplicación real?

A los seguidores de López Obrador les sobra fe en la figura mesiánica de su líder. Les hace falta preguntarse si todo lo que ofrece se va a cumplir. Mientras esperan el milagro de la conversión del agua en vino, todas las piezas se siguen moviendo de camino a la gran elección, la del 2018, esa que el propio tabasqueño bautizó como "A Palacio o a La Chingada". De seguir así, no hay nada que nos haga pensar que va a Palacio.


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El Andén

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