Ciudad de México 18-01-2018
Fray Juan Ackerman insiste en guadaluparnos
Ideas

Fray Juan Ackerman insiste en guadaluparnos

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Regreso de vacaciones y me encuentro con el tweet navideño de John Ackerman:

"Muchos que se burlan, desde un enfoque clasista y racista, de los dignos peregrinos guadalupanos, abrazan al gordito del Polo Norte. Aquí mi carta a #SantaClaus. ¡Feliz Navidad!"

Entonces imaginemos unos "dignos peregrinos" (adultos) yendo de rodillas al polo norte llevando sus cartitas a Santa cantando Jingle bells cada 24 de diciembre, ¡pero que nadie se burle!

El que no perdona la burla es Juan Diego Ackerman con tan absurda comparación entre Santa Claus y el culto a la Morena (del Tepeyac), digna de un mocoso de seis años. Peca de lo mismo que critica pues es su "enfoque clasista y racista" el que cree que todos los guadalupanos entran en la misma canasta; se le olvida que México es un país multicultural y multirracial. Lo digo con preocupación, porque ser guadalupano no es exclusivo de las clases bajas y de los morenitos: hay guadalupanos de todas las clases sociales y de todos los colores raciales de este país, los hay hasta con doctorado.

Ya en otra ocasión también tuvo el descaro Ackerman de decirnos que "venerar a la virgen es venerar a la patria". No basta con que López Obrador nos haya dividido entre buenos y la mafia del poder; ¡este cretino ya nos quiere dividir entre guadalupanos patriotas y herejes anti patriotas! Para el gringo juarista la sociedad mexicana infectada de las tradiciones gringas vive en un error y en lugar de estar gastando dinero en el Buen Fin y en Navidad deberíamos ir todos a rezarle a la virgencita de Guadalupe para rescatar nuestras tradiciones. ¿Por qué no deja madurar a la sociedad y que se haga responsable de sus decisiones? Cada quien que sufra como quiera, en los tumultos de la basílica o en los de las cajas registradoras de Best Buy. Lo que es una realidad es que la otra fe, la de abrazar al gordito del polo norte, aunque no le guste a Mr. Ackerman, por lo menos tiene mejor estadística de promesas cumplidas, con la diferencia de que los creyentes son niños que después de los 6 o 7 años de edad se enteran quiénes son los que se gastan el aguinaldo.

Preocupa que a un activista de izquierda, uno de los ideólogos del partido Morena se le crucen los cables así, ya no se sabe si son ganas de polemizar con bobadas o si de verdad hay que asustarse con el nivel de fanatismo religioso que está adoptando la dizque izquierda en la desesperación por captar toda la clientela electoral posible.

Hay que recordar que ese intento de imponer por decreto símbolos y costumbres nacionalistas para rescatar nuestras tradiciones ya fracasó en 1930 en el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, cuando quisieron suplantar a Santaclós por Quetzalcóatl y lo único que provocó la torpe idea en la infancia de esa generación a la que obligaron a pedirle regalitos a una espantosa serpiente emplumada, fueron pesadillas.


Una es un mito, y la otra, también

Alguien tiene que explicarle al Dr. Ackerman que lo único que tienen en común estas tradiciones es que ambas están basadas en mitos, pero una es una creencia inocua: su único daño es que nos orilla al circulo virtuoso del consumismo navideño que produce los excedentes para pagar aguinaldos. La otra ha perpetuado a un pueblo entero en el infantilismo y la inmadurez colectiva: después de 500 años de pediche no es capaz de darse cuenta que la madre de México ni siquiera se ha dignado en hacerle el milagrito a su amado pueblo de sacarlo de la miseria y la ignorancia, o por lo menos proveerlo de buenos y honestos gobernantes, y seguimos jodidos. Pero ya lo explicó el papa Francisco: el diablo no le perdona a Dios que nos haya aparecido a su madre en el Tepeyac y por eso le tiene "tanta bronca" a México.

¡Cómo no se le ocurrió aparecerse mejor ante un esquimal en Helsinki!

Por fortuna, una de las bondades que aún conserva el gobierno laico de México es la libertad de culto (o de no culto), laicidad y libertad que a muchos nos preocupa ver amenazada cuando escuchamos a candidatos, ideólogos y asesores de dizque izquierda que aspiran a gobernar y mezclan la política con la religión.

El señor Ackerman puede creer en lo que se le dé su gana; tener devoción por todo tipo de Morenas, ser guadalupano y ponerse unos nopales en las rodillas si quiere, puede tener fe en la redención macuspana o el agua de Tlacote, ir a bailar a Chalma o poner a San Antonio de cabeza para que gane AMLO.

También tiene derecho a expresarse. Si fuera un tuitero cualquiera no pasaríamos de menear la cabeza y arquear la cejas ante los absurdos de su "twitterrea" ni tendríamos ningún interés en analizar si Johnny tiene traumas o complejos de la infancia, problemas de rebeldía con sus padres o conflictos de identidad por el rechazo a su "gringuez". No llamaría la atención su enfadosa insistencia de exacerbar su mexicanidad adquirida que raya en la cursilería. Tampoco sería de nuestra incumbencia saber si en EU tal vez está en la lista negra del Homeland security o de la CIA por pedir abiertamente apoyo para MORENA a RT (Russia Today, quien lo nombró nuestro hombre en México), o por ver con buenos ojos la dictadura de Venezuela; tampoco nos interesaría saber si para demeritar la formación académica de José Antonio Meade dice que en Yale forman tecnócratas saqueadores y corruptos, aunque sus padres sean ambos, catedráticos de esa universidad. Ninguna de sus incongruencias y sus ridículas declaraciones serían objeto de análisis o preocupación si John Ackerman no fuera un asesor importante de quien tiene altas probabilidades de gobernar este país. Eso es sumamente inquietante pues AMLO nos quiere devolver a la época de Luis Echeverría y Ackerman a la de Fray Juan de Zumárraga.

 

Las cuentas no salen

Y por último, no son sus creencias religiosas las que preocupan, sino su doble discurso de hipocresía y su burdo y servil proselitismo a favor de Andrés Manuel a quien dice "apoyar al 100 por ciento como ciudadano libre por el principal motivo de ser un hombre que conoce y rinde homenaje a la gran historia de México"

¡Por favor! A ese 100 por ciento hay que sumarle otro 300 por ciento en motivos e intereses personales para su frenético apoyo. Ya ha sido bien correspondido con la titularidad de la Secretaría de la Función pública para su esposa la ex diputada (obviamente por MORENA) Irma Eréndira Sandoval Ballesteros (en el gabinete de chocolate de AMLO) y la candidatura a gobernador por Guerrero para su cuñado Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, que dicho sea de paso, fue becado en el programa "World Fellows" de la Universidad de Yale, cuyo objetivo es formar "líderes globales". Sí, la Universidad de Yale que en opinión de John es la institución que se dedica a formar tecnócratas corruptos y saqueadores. 


Adrián González de Alba

Aficionado a la guitarra flamenca, la política, la cocina y los idiomas. @AdrianGdeA

El Andén

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